Iconografía antoniana:

Iconografía antoniana:

Por lo general, San Antonio es representado como un joven sin barba, y de figura estilizada. Aunque las excepciones existen, como las imágenes o lienzos patrocinados por los capuchinos, donde el santo sí que tiene barba, aunque nunca la clásica barba capuchina de tres palmos. Las pinturas más antiguas son más realistas y no inciden en la belleza, como sí que hace el barroco, que lo convierte en una figura feminoide, de movimientos y bellezas angelicales.

El hábito: Pues lo podemos hallar en diversas formas. El más común es el hábito marrón, con cordón de tres nudos a la derecha y el rosario a la izquierda. Sin embargo, las imágenes del barroco lucen cinco nudos, por las cinco llagas, y en América es común verlos de azul, a partir del siglo XVIII. En ocasiones, no es lo más acostumbrado, lleva capa corta, al estilo franciscano. Otro aspecto a señalar es que, dependiendo de la iglesia, podemos verlo de gris y con esclavina amplia, si el sitio es franciscano conventual, o con capucha larga y sin esclavina, si es un convento capuchino. Otras imágenes barrocas le presentan levantando el hábito a media pierna y dejando ver debajo el hábito agustino, recordando que perteneció a dicha orden.

El Niño Jesús: Es su elemento iconográfico más característico. Se dice que un anfitrión del santo, vio como el Niño Jesús visitaba a Antonio en su oración. Como sea, lo cierto es que las imágenes antonianas suelen darnos al santo con el Niño, principalmente en tres versiones:

1: Arropándolo en sus brazos y mirándolo extasiado; estas suelen ser imágenes de gran expresión y ternura, son propias del barroco. 
2: El Niño baja del cielo entre resplandores y Antonio abre sus brazos a él; en esta forma los lienzos y las estampitas piadosas son frecuentes. 
3: El Niño sienta cátedra sobre un libro; aunque iconográficamente sea una solución para incluir el libro en las imágenes, la iconografía del Niño sobre el libro es más profunda: la sabiduría, predicación y enseñanza de Antonio está avalada por Cristo.

El libro: Como en los demás santos, el libro es símbolo de sabiduría y enseñanza. Pueden ser los evangelios, en caso de un apóstol, o un libro de Reglas, si es un Fundador. En el caso de Antonio, encierra su doctrina, predicación y magisterio, que le valieron ser Doctor de la Iglesia. Lamentablemente su faceta de milagroso ha escondido demasiado el conocimiento de su obra, expuesta en sus “sermones”.
 
El lirio: Símbolo de pureza por excelencia, representa consagración y amor virginal. Le acompaña siempre, en forma de una pequeña rama, nunca como una vara florecida, como en el caso de San José.

El corazón en llamas: La llama es símbolo de fe y amor que inunda el corazón del santo y se expande hacia los demás. Solo lo vemos en representaciones antiguas y escasas, ya que con la repetición iconográfica, se perdió este atributo.

El crucifijo: La cruz tiene muchos significados, y en general es pertenencia a Cristo y seguimiento radical. Es signo de victoria sobre el pecado y la muerte. No es muy frecuente en Antonio, ya que lleva al Niño Jesús, pero se puede ver en algunas pinturas barrocas, formando parte de su iconografía “ambiental” (cilicios, calaveras, libros, pluma de escritor). En algunos casos, pocos, lleva un crucifijo florecido de lirios, que recuerdan su victoria sobre las tentaciones carnales de juventud. 

El pan: En numerosas esculturas, pinturas o estampas, San Antonio aparece dando pan a un pobre, o un niño, así como con una bolsa llena de panes. Proverbial era la caridad del santo, llegando a vaciar las despensas de las comunidades donde vivió; por otro lado, algo que Francisco siempre quiso, que no se guardara nada y se repartiera con los pobres.

La Virgen María: Un elemento propio de la pinturas de tema antoniano son las apariciones marianas al santo para darle al Niño. Y esto en diversas formas, Antonio jugando con el Niño, que permanece en el regazo de María; Antonio recibiendo el Niño de manos de María y, la más frecuente: María desde el cielo, contempla a su Niño en brazos de Antonio. Otra representación frecuente es la aparición mariana en el momento de la muerte de Antonio.

La custodia o copón: la vemos en el entorno del milagro ocurrido en Rímini o Tolouse (ambas ciudades se consideran el sitio del milagro) cuando un burro se postró ante el Sacramento, adorándolo, antes de acercarse a comer. Con este milagro, Antonio logró la conversión de varios herejes.

Fuente: http://preguntasantoral.blogspot.com/