El Protoevangelio de Santiago

El Protoevangelio de Santiago

El Protoevangelio de Santiago. De esta obra existen unos ciento cincuenta manuscritos griegos del s. X en adelante, ya que fue leído por largo tiempo en las Iglesias de Oriente, si bien en Occidente fue condenado en el Decreto Gelasiano (s. VI) y quizá por eso no se ha conservado completo en ningún códice latino antiguo. También está atestiguado en varios papiros, dos del s. IV (el P. Bodmer V de Ginebra, y otro de Florencia). Es el más antiguo de este tipo de apócrifos, y a él parece hacer referencia Orígenes, llamándole «Libro de Santiago», para probar que los hermanos de Jesús de los que hablan los Evangelios eran hijos de José, (Comm. in Math X,17). En los manuscritos lleva normalmente como título «Tratado de la Natividad de María»; el de «Protoevangelio» se le dio en el s. XVI al ser traducido al latín, por considerar que era un prólogo que precedía a Mc. En el epílogo la narración viene puesta bajo la autoridad de Santiago el Menor, hijo de José según el apócrifo y por tanto testigo directo de gran parte de los hechos. Pero por el desconocimiento que el autor muestra de Palestina y de la vida judía se ve que no es judío de origen, y que la obra surgió probablemente en Siria o en Egipto en el s. II.

Su contenido puede estructurarse en cuatro momentos.

a) Nacimiento y niñez de María hasta que fue desposada con José. Joaquín y Ana no tenían hijos por lo que Ana, al estilo de la madre de Samuel (cf. 1 Sam 1,1-28), se lamenta ante el Señor, recibe el anuncio de un ángel de que va a ser madre y promete ofrecer a Dios el fruto de sus entrañas. Entonces llega Joaquín que estaba en el monte con los rebaños, visita el templo y ve el efod del sacerdote sin mancha alguna, por lo que entiende que Dios le ha perdonado. A los nueve meses Ana da a luz una niña y le pone por nombre Mariam. A los seis meses la niña comienza a andar y su madre le construye en casa un oratorio. A los tres años es llevada al templo y allí permanece «como una palomica, recibiendo alimento de manos de un ángel» (VII1,1). Cuando la Virgen tenía doce años, un ángel se aparece al sacerdote Zacarías y le ordena que haga venir a todos los viudos del pueblo, cada uno trayendo una vara, y darla como esposa a «aquel sobre el que el Señor haga una señal portentosa» (VI11,3). Fue de la vara de José de la que salió una paloma y se puso a volar sobre su cabeza. Aunque José se resiste a recibir a María -porque «tengo hijos y soy viejo», dice- lo hace a instancias del sacerdote. María en casa trabajaba hilando la púrpura y la escarlata para el velo del Templo. El sacerdote Zacarías queda mudo por aquel entonces.

b) Anunciación, dudas de José y prueba a que son sometidos él y María. Un día, cuando la Virgen iba a buscar agua oyó el saludo de un ángel y, temblando, volvió a casa y se puso a hilar la púrpura. Entonces tuvo lugar la Anunciación, que viene narrada según Lc. Después María visita a su prima Isabel y, al oír el saludo de ésta, la Virgen, «que se había olvidado de los misterios que le había comunicado el arcángel», exclamó «¿Quién soy yo, Señor, que todos los querubines me bendicen?» (XII,2). Al sexto mes del embarazo de María, «volvió José de sus edificaciones» y, al darse cuenta de que ella está encinta se lamenta amargamente preguntándole qué es lo que ha hecho. También María llora respondiendo que no sabe qué ha sucedido. Y estando José para despedirla en secreto se le apareció el ángel (desarrollo de Mt 1,19-21), y José siguió cuidando de ella. Pero al enterarse el sacerdote del embarazo de María, ella y José son llamados ante el tribunal; María confiesa no haber conocido varón, José guarda silencio. La sentencia es quitar a José la custodia de María, mas ante el llanto de José, el sacerdote decide que ambos beban el agua de la prueba. El autor hace una acomodación del agua amarga que, según Núm 5,11-13, debía beber la mujer a la que el marido acusaba de infidelidad, y, si era culpable, las caderas se le quedaban lacias y se le inflamaba el vientre. A María y José no les sucede ningún mal, por lo que no son condenados y José continúa custodiándola.

c) Nacimiento de Jesús. Al llegar la orden de empadronamiento (desarrollo de Lc 2,1-7), José va a Belén con sus hijos y María. En el camino ella entra en el trance del parto y José la introduce en una cueva y va a buscar a la partera. El universo queda estático; José encuentra a la partera y la conduce a la gruta que estaba rodeada de una nube luminosa. Dentro se produce una gran luz, y, al disminuir la luz, aparece el niño que va a tomar el pecho de su madre, por lo que la partera entiende que una virgen había dado a luz. Entonces llega Salomé que dice no creer tal cosa, e, invitada por la partera, introduce el dedo en la naturaleza de la Virgen y se le queda carbonizada la mano. Pero un ángel ordena a Salomé tomar en brazos al niño y queda curada.

d) Muerte de los inocentes y de Zacarías. Tras la llegada de los magos, Herodes decreta la matanza de los inocentes (desarrollo de Mt 2,1-18). Entonces María esconde al niño en un pesebre de bueyes, mientras que Isabel con su hijo huye a la montaña y ésta se abre para esconderles. Por eso Herodes manda matar a Zacarías en secreto; luego los sacerdotes, al enterarse, lloran su muerte con todo Israel y, en su lugar, ponen a Simeón.

El análisis literario del Protoev. da como resultado que el libro es la fusión de tres obras anteriores: un nacimiento de María, una historia de José, y un apócrifo de Zacarías. No es seguro, sin embargo cuando se funden las tres fuentes. Según el papiro Bodmer V, parece que ya en el s. IV. En su origen el Protoev. viene a ser una respuesta tanto a las acusaciones de judíos y paganos contra la fe cristiana, como a algunas cuestiones que se planteaban dentro de la Iglesia. Para demoler la nueva religión, judíos y paganos ponían en circulación calumnias precisamente en lo que concernía a la concepción virginal. Celso hacia el año 170, según testimonia Orígenes, decía que María había dado a luz en secreto porque Jesús era hijo de adulterio, y que obligado por la pobreza marchó a Egipto donde aprendió la magia negra, volviendo luego a Israel y haciéndose pasar por Dios (ContraCe/sum 1, 28. 32. 39; 11,32). Los judíos afirmaban que María era una pobre hilandera y no bien parecida, y que Jesús era hijo ilegítimo de un soldado romano. El Protoev. sale al paso explicando el nacimiento de María en una familia de bien, cómo fue llevada al templo donde servía a Dios y los ángeles la alimentaban, cómo fue entregada a José, y los acontecimientos que sucedieron después. Entre los cristianos, algunos podían deducir del relato de Lc 2,22-24 sobre la purificación en el Templo que María había contraído impureza en el parto; la respuesta del Protoev. viene dada al narrar lo que vio la partera: la nube del Señor y una gran luz que al disminuir dejó ver al niño. Para confirmar la virginidad de María por dos testigos se introduce la escena de Salomé que, a imitación de la de Tomás tras la resurrección, quiere comprobar los hechos con su mano. De los Ev. canónicos podía surgir la duda de que María tuviese otros hijos, los hermanos de Jesús; el apócrifo deja bien claro que son hijos de un primer matrimonio de José. De las genealogías transmitidas no se deducía que Jesús fuese descendiente de David ya que no era hijo de José según la carne; la solución del Protoev. es insertar a María en aquella descendencia. Por otra parte, y esto era más grave, existía el peligro de negar la verdadera naturaleza humana de Jesús (docetismo), ya que la integridad física de María en el parto parecía favorecer la afirmación de la humanidad aparente del Salvador. El apócrifo sale también al paso presentando, junto a un nacimiento extraordinario, al niño que acude con hambre a mamar del pecho de la madre. La importancia del Protoev. como testimonio de la veneración a la Virgen ya en el s. II es enorme. Además, a partir de él se difundieron datos como la presentación de la Virgen en el templo siendo niña, o el nacimiento de Jesús en una cueva. Algunos cuajaron incluso en fiestas litúrgicas: la Concepción de Ana (9 Dic.), la Natividad de María (8 Sept.) y su Presentación en el templo (21 Nov.).

http://www.mercaba.org/DJN/A/apocrifos_evangelios.htm