Catedral de Amalfi Casa de las reliquias de San Andrés Apóstol

Catedral de Amalfi Casa de las reliquias de San Andrés Apóstol

  Rodeada de un paisaje singular, característico de la Costa Amalfitana, al sur de Italia, y a pocos kilómetros de la ciudad de Nápoles, se encuentra Amalfi, la llamada “Ciudad Blanca”, población única y mágica, que guarda dentro de sí un lugar santo, catalogado como uno de los más bonitos de Italia, y que acoge reliquias de gran importancia para la fe Católica.

Se trata de la Catedral de Amalfi, un complejo monumental y testimonio viviente de los siglos pasados, que reúne en un solo sitio el Claustro del “Paraíso”, la Basílica del Crucifijo, la Iglesia Catedral y, de manera especial, la Cripta de San Andrés.

Es precisamente esta Cripta el mayor tesoro y orgullo de los habitantes de Amalfi.En ella se conserva
los huesos de San Andrés, el primer discípulo de Jesús.

Se estima que las reliquias del santo Apóstol llegaron a la ciudad italiana el 8 de mayo de 1208 para ser conservadas en una Cripta que fue construída en su honor y con el apoyo del mismo Cardenal Capuano. Desde entonces, para conmemorar este acontecimiento, Amalfi celebra en esta especial fecha al discípulo de Jesucristo.

Un hecho sobrenatural llama la atención del santo lugar y viene reavivando la fe de peregrinos que llegan a la Cripta: sobre el sepulcro del Apóstol hay una ampolla de cristal, donde en la Vigilia de la festividad de San Andrés, y también en algunas ocasiones, se recoge Maná. Este es un hecho que se observa desde hace más de 700 años y que se dice también ocurría en el sepulcro del santo cuando éste permaneció en Patrasso y en Constantinopla.

Además de las reliquias del Apóstol Andrés, la Catedral de Amalfi también custodia varias reliquias de santos que, por diversas circunstancias, llegaron a la ciudad italiana.

El templo también es casa de infinidad de Obras de Arte, entre ellas se destaca un lienzo que recuerda la intervención que se dice tuvo San Andrés y San Mateo en el año 1544 cuando la ciudad de Amalfi, gracias a una marejada imprevista, se vio protegida de Ariadeno Barbarroja.

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